¿Por qué Facebook perdió su encanto?

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Por: Belén Gómez-Pereira 
Odio a Facebook. Nunca fue una red social que me gustara o entretuviera, pero hoy la aborrezco más que nunca. No sólo porque creo que genera falsas percepciones de las vidas ajenas (siempre crees que todos son muy felices, exitosos y populares) o porque mi timeline esté lleno de actualizaciones de estado referentes a bodas y bebés, lo cual es sumamente recurrente a mi edad. No, odio a Facebook por su soberbia y por creer que sabe lo que la gente quiere.
Tengo cuenta en Facebook desde hace varios años y acepto que ha sido una buena forma de mantenerme en contacto con algunas personas, en especial con mis familiares que viven fuera del país. No es en absoluto la plataforma más atractiva (nada que ver con las hermosas imágenes y tips de ‘hazlo tú mismo’ de Pinterest, la inmediatez de Twitter o lo entretenido que resulta publicar en Google+). El valor real de esta red es que prácticamente todos están en ella; más de un quinto de la población mundial tiene un perfil. 


Y Facebook sabe el poder que esto le otorga. Ningún otro servicio gratuito en la historia del mundo (excluyendo al internet per se) ha alcanzado este estatus. Pero Mark Zuckerberg, un emprendedor al que admiro y respeto, ha llevado sus increíbles cifras al extremo. 

Basándose en la propia misión de la empresa de “crear un mundo más conectado”, Facebook está haciendo poco a poco a un lado a las marcas. Su algoritmo actual reduce al mínimo las actualizaciones de las páginas empresariales para darles prioridad a las personas. El resultado: siempre aparecen las historias de los mismos ‘amigos’ y las páginas de fans han visto un considerable descenso en sus cifras. Cada día menos likes, menos comentarios, menos conversiones.

Esta tendencia ha hecho enojar a varios community y social managers (incluyéndome), pero también a algunos usuarios conscientes de estas alteraciones inútiles. No basta con que le indiques a Facebook que te gusta una marca y que quieres recibir notificaciones de ella, ahora, las empresas tendrán que pagar por aparecer en los timelines de sus propios fans. Ya no se trata de creatividad ni de buenos contenidos, sino de campañas pagadas y segmentadas. 

Es probable que Facebook esté en el mejor momento para adoptar este modelo de monetización. Para muchas empresas, esta plataforma es la principal fuente de tráfico a sus sitios Web o hasta la utilizan para vender directamente sus productos o servicios. Desde mi punto de vista, por pánico muchas de ellas estarán dispuestas a pagar por aparecer donde antes lo hacían gratuitamente. Y, nuevamente, Zuckerberg sabe el poder de tener a tantas personas compartiendo su información personal e intereses en un mismo lugar.

Sin embargo, creo que ésta fue una salida fácil para la compañía. Querían ganar más dinero y se fueron por la salida obvia: cobrarles a aquellos que ya lo usan y que han probado sus beneficios. Pero aunque esto pueda funcionar en el corto plazo y brindarle enormes rendimientos en 2014, para nada es una estrategia rentable para el largo plazo. O quizás esta misma sea su estrategia. 

De acuerdo con reportes recientes, la red social está perdiendo usuarios de manera alarmante. De hecho, se estima que para 2017 el 80 por ciento de los miembros abandone sus perfiles. Especialmente, entre los adolescentes, Facebook cada día es menos popular, en parte debido al surgimiento de numerosas redes y servicios que se dirigen a nichos y públicos mejor definidos. Puede que el ocaso de una de las compañías tecnológicas más exitosas del milenio esté cerca. 

Sea como sea (que Facebook caiga o permanezca muchos años más), lo cierto es que hoy es un dolor de cabeza para los marketers y para muchos emprendedores que lo utilizaban como un medio efectivo y de bajo costo para atraer audiencias. Y aunque las redes sociales nunca fueron gratis -siempre requirieron una inversión de tiempo, creatividad y recursos para contratar a los encargados- parece que con la urgencia de pagar anuncios se extingue su magia.

¿Qué nos queda? Mi recomendación: seguir publicando en Facebook (pagar por anuncios si has notado una fuerte disminución en tus conversiones o tráfico), pero poco a poco mirar hacia otros lados. Cada día surgirán nuevos servicios y soluciones; startups que llenarán ese vacío y que aprovecharán el crecimiento del alcance de internet para conquistar nuevas audiencias con nuevos modelos de negocios. 

Yo ya empecé a hacerlo. En vista de que Facebook no quiere que mis amigos vean mi contenido, he estado trabajando en otras redes como Pinterest y Google+ que son mucho más divertidas y visuales. Así que éste es mi mensaje para Facebook: Te cambiaré por uno más joven y más bonito. Y no te voy a extrañar.   

Vía ||  soyentrepreneur


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